Las largas y extenuantes caminatas realizadas a lo largo del cañón del río Bordones, unas veces acompañando equipos interinstitucionales conformados por los rectores de la arqueología con autoridades municipales, otras, acompañando el grupo de investigación Iguaque de la Universidad Surcolombiana, permitieron conocer en campo muchos de las descripciones plasmadas en los documentos escritos por el Maestro Emérito Héctor Llanos Vargas y el catedrático Jorge Ruiz Ulloa. En realidad, el conjunto escultórico expuesto en la finca Begonia de Saladoblanco si bien es importante, resulta pequeño ante la cantidad de vestigios que las gentes de la región han encontrado en sus fincas, especialmente en las veredas bajo y medio medianías, así como, en el centro poblado de Morelia y en Piedra Tajada, acervo arqueológico suficiente para impulsar la continuación del polígono arqueológico del suroccidente huilense.

Nos llamó la atención encontrar pescadores en el río Granates con aparejos de línea, esto es, cordel de nylon y anzuelos, con satisfacción y orgullo mostraron una sarta de negros, un pez muy similar al capaz en su aspecto físico y en la textura de su suave carne blanca con visos rosados, contaron que los aprovechaban cocinándolos en agua salpimentada y luego al momento del consumo lo aderezaban con aromáticas de la región o con el guiso criollo, como bastimento continúan utilizando la yuca, plátano, en ocasiones arracacha y papa criolla. La pesca continúa siendo importante para el complemento de la dieta cotidiana de los lugareños, tal como, lo narran los maestros Llanos y Ulloa en sus textos.

Una vez instalados en Morelia adicional a la visita a las esculturas y sarcófagos de la región, obliga visitar el restaurante de La Hermosa Luna, el solo nombre resulta romántico e inspirador, la sorpresa se manifiesta en su condición de criadero de trucha, lo que crea la percepción de calidad del producto, también el modo de preparación, pues, la trucha primero se ahúma, una vez surtido este proceso, se salpimienta, agregando suficiente ajo para luego llevarla a la plancha, a la mesa se presenta acompañada de patacones y una generosa porción de naco de yota. La yota, es un tubérculo que desde la época prehispánica se consume en diferentes preparaciones, en el caso que nos ocupa, se cocina hasta lograr su total ablandamiento, luego se suaviza con grasa láctea y el toque de sabor se logra con abundante porción de cilantro finamente picado. La bebida se prepara a elección del comensal, generalmente es una fruta de cosecha de la zona, bien puede ser tomate de árbol, mora o curuba, para el postre se utiliza bien los melados, especialmente de mora o las combinaciones de panela con maní o con cuajada, para cerrar con un café cultivado en la región.

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